Los consultores de relaciones públicas siempre aconsejamos preparar bien un encuentro con prensa para evitar posibles sorpresas o situaciones incómodas. Una buena preparación siempre es mejor que un intento posterior por “arreglar” lo que hemos dicho o hecho por no estar del todo seguros, por haber improvisado o, simplemente, por no haber previsto una situación. Es más, todo intento posterior por matizar, controlar o vetar una información que hemos dado a un medio solo agrava la situación, pues da a esa información una relevancia que el periodista probablemente nunca le hubiera otorgado a priori.
Resulta curiosa la
encuesta que puso en marcha entre sus lectores el diario gratuito 20 Minutos. Ante la pregunta de si Zapatero tenía derecho a pedir que los medios no publicaran las fotografías de sus hijas, de más de 17.000 votos, un 30% considera que sí, un 17% opina que sí, pero que no debió dejar que posaran en la fotografía junto a los Obama, un 6% afirma que no tiene derecho, pues es un personaje público (así como su familia) y un 47% considera que no, desde el momento en que permitió que las niñas posaran junto a ellos.
Algo similar ocurrió con la
demanda de Telma Ortiz hacia varios medios de comunicación por emitir imágenes de ella, puesto que no se consideraba personaje público. Sólo sirvió para que todos los medios se aprovecharan de la polémica y hicieran eco de su malestar, emitiendo incesantemente imágenes suyas.
En ambos casos, los afectados consiguieron el efecto contrario: que todo el mundo se hiciera eco de algo que de otra manera habría pasado desapercibido y, lo que es más, dándoles incluso una mayor publicidad. La lista de ejemplos es interminable si bien aquí hemos rescatado los más sonados.
Por ello, en las formaciones de portavoces, los consultores de comunicación siempre repetimos algunas reglas básicas como “no existe el off the record” (y, por tanto, ninguna foto o declaración realizada delante de un medio es privada sino que puede y será difundida) y “no intente fiscalizar el trabajo de los medios” (si algo queda demostrado con lo anterior es que podemos confiar en la autocensura , pero nunca en un intento de censura impuesto por alguien, da igual que sea un empresario, político o celebridad)
Lo más curioso es que los intentos por influir a los periodistas o controlar ciertas informaciones son mucho más frecuentes de lo que puede parecer en un primer momento. Según un
estudio de la Cátedra UNESCO de la Universidad de Málaga, el 86% de los directores de prensa escrita reciben presiones para influir en los contenidos publicados en su medio.
El revuelo que se ha generado en torno a todos estos asuntos tiene múltiples lecturas, pero si lo enfocamos desde la perspectiva de la comunicación y la relación con los medios, la conclusión es clara. Las apariciones ante los medios deben prepararse al detalle y con antelación y los errores no pueden subsanarse a posteriori. Si intentamos controlar una información dada, ya sea unas declaraciones, unas cifras o unas imágenes, se puede volver en nuestra contra y provocar un efecto bola de nieve que nos lleve a un escenario mucho más preocupante.